Jason E. Salgado
Beliceño. Embajador Juvenil, Emprendedor Social y Activista Climático.

Como sabemos, en la época moderna, domina la tecnología y el desarrollo digital y es un punto de inflexión con cambios profundos para el futuro. Solo en las últimas décadas, el mundo ha avanzado a un ritmo extremadamente rápido, lo que ha dado lugar a nuevas tecnologías y avances que han hecho nuestras vidas más fáciles y eficientes. Ahora tenemos teléfonos móviles que facilitan la comunicación, tenemos automóviles y aviones que agilizan el transporte de personas, bienes y servicios, y tenemos computadoras que pueden hacer el trabajo de cientos de horas en solo unos segundos.

El mundo se enfrenta a un rápido avance que va a la par con el desarrollo de nuestras economías, por lo que el objetivo final es satisfacer las necesidades básicas que tienen nuestros ciudadanos, que son: vivienda, alimentación y vestimenta. La población mundial está creciendo a un ritmo exponencial, lo que también aumenta la demanda de estas necesidades básicas, y satisfacerlas tiene un costo, que implica usar nuestros recursos naturales a un ritmo acelerado.

El problema es que la mayoría de nuestros recursos no son renovables, mientras que los renovables se han explotado hasta el punto que no se están regenerando. Entonces, ¿qué le pasará al mundo cuando usemos todos sus recursos? ¿Estamos dejando recursos para nuestras generaciones futuras o solo estamos pensando en el presente? Cuando hablamos de desarrollo sostenible no se trata solo de gestionar adecuadamente nuestros recursos naturales, sino de integrar las tres dimensiones del desarrollo: economía, medioambiente y las personas. Durante muchos años hemos explotado el medioambiente por el bien de nuestra economía y sociedad; pero nuestros actos están causando a las especies de la tierra una de las mayores amenazas de la historia reciente, el cambio climático.

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El cambio climático es una de las barreras principales para lograr un mundo más sostenible y próspero debido a la amenaza que representa para la biodiversidad, la seguridad alimentaria, la salud y el bienestar humano, lo que dificulta la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. Se estima que para el año 2030 más de 100 millones de personas serán empujadas a la pobreza extrema y más de 200 millones tendrán que migrar de sus hogares debido al cambio climático (IPPC, 2018).

En 2015, 179 naciones firmaron el Acuerdo de París con el fin de mantener la temperatura global por debajo de 2 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales, pero el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) informó que a la tasa de emisiones actual el mundo no alcanzará su objetivo de emisiones, y que se necesita un objetivo más ambicioso, un límite de 1,5 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales, para evitar un colapso total de los ecosistemas naturales y de la economía mundial, a finales de siglo.

En 2019, fui delegado juvenil en la Cumbre de Acción Climática de las Naciones Unidas, donde el enfoque principal fue presentar planes para reducir las emisiones en diferentes sectores como la energía, el transporte y la industria, y también para mejorar las ambiciones en las agendas climáticas nacionales. Aunque una gran cantidad de países han presentado actualizaciones importantes, comprometiéndose a reducir los gases de efecto invernadero a cero para el año 2050, todavía no es suficiente para lograr la economía global neta cero para 2050; necesitamos reducir las emisiones en al menos un 40% para 2030 y poder estar en el buen camino, pero estamos a menos de 10 años para lograr este cambio sistemático global (IPCC, 2018).

Soy un líder climático juvenil y emprendedor social que, con base en mis experiencias pasadas, he decidido tomar medidas sobre el cambio climático en América Latina y el Caribe. En 2014, participé en un programa llamado Proyecto Ecológico Internacional que me abrió los ojos para ver el mundo de manera diferente; visité por primera vez la segunda más grande barrera de corales del mundo, que se encuentra a lo largo de las costas de Belize, y quedé asombrado por su belleza, diversidad y complejidad; pero al mismo tiempo, fue realmente desgarrador ver que muchos corales estaban muriendo y están contaminados por plásticos de un solo uso. Una maravillosa creación de la naturaleza destruida por la ignorancia de la humanidad. En ese momento, me pregunté, “¿por qué los humanos causan tanto daño al mundo natural? ¿Cómo pueden coexistir la humanidad y la naturaleza de forma mutua y sostenible? ¿Qué puedo hacer para hacer un cambio?”. Fue un momento de reflexión que cambió el rumbo de mi vida.

En el 2016, me uní al Club Ambiental de la Universidad de Belize para educar al público en general sobre la importancia de la conservación y el consumo sostenible. En 2017, participé en la Conferencia Mundial de la Juventud, donde conocí a jóvenes activistas de todo el mundo que abogan por la Agenda de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas. En 2018, fui nombrado Co-coordinador Nacional de la Red de Jóvenes por el Agua Centroamérica, por lo que nuestro enfoque fue promover la participación ciudadana en la conservación y manejo de los recursos hídricos.

Ese mismo año, participé en el “Foro Internacional: Jóvenes hacia el 2030”, mediante el cual tuve la oportunidad de conocer a los jóvenes activistas ambientales más destacados e influyentes de la región. Uno de los principales puntos de discusión entre nosotros fue que existen brechas de sinergias y una falta de apoyo a las organizaciones lideradas por jóvenes en nuestra región. Por lo tanto, fundamos Alianzas para el Planeta, en la cual fui seleccionado como presidente, para que sirva de plataforma en la que otros jóvenes expresen sus acciones y soluciones para las problemáticas que afectan a nuestra región en torno al medioambiente.

En 2019, fui nominado por la oficina de la enviada de la juventud del secretario general de Naciones Unidas (UN OSGEY) para formar parte de un grupo de jóvenes líderes de todo el mundo que coorganizó la primera Cumbre Juvenil sobre el Clima de las Naciones Unidas. La Cumbre Juvenil sobre el Clima fue una oportunidad para que más de 500 jóvenes activistas de todo el mundo expresaran sus principales preocupaciones y recomendaciones a los líderes mundiales. Fue una experiencia increíble en la cual también conocí a muchos jóvenes influyentes de todo el mundo que me inspiraron a seguir luchando por esta causa.

En el año 2020, fundé la Asociación de Líderes Climáticos Juveniles de Belize (BYCLA), y nuestro principal objetivo es brindar a los jóvenes profesionales el conocimiento y la capacidad para ser parte del proceso de toma de decisiones y ser agentes de cambio para abordar el cambio climático a nivel comunitario. Asimismo, soy parte del comité organizador de la COP de la Juventud de América Latina y el Caribe 2021 y nuestro objetivo es funcionar como un mecanismo participativo a nivel regional para que los grupos vulnerables, específicamente los jóvenes, que no tienen voz en la toma democrática de decisiones, sean parte de los procesos sobre muchos temas que afectan el desarrollo sostenible, incluida la justicia climática.

El movimiento es parte de una revolución representativa de miles de jóvenes de toda la región que buscan presionar a los gobiernos para que aborden la crisis climática con un enfoque inclusivo que represente a los diferentes grupos de la sociedad, especialmente a las minorías étnicas, comunidades socioeconómicamente desfavorecidas y comunidades indígenas, con el fin de promover la democracia y el bienestar de los ciudadanos y las generaciones futuras.

Centroamérica además de su vulnerabilidad ante los fenómenos de la naturaleza es una de las regiones más desiguales e inseguras del mundo. Nuestra región enfrenta muchos desafíos y es muy difícil superarlos porque todos están interconectados. Por ejemplo, necesitamos deforestar la tierra para ampliar nuestras infraestructuras y generar más puestos de trabajo, pero al mismo tiempo estamos emitiendo gases de efecto invernadero que contaminan nuestro aire que puede afectar nuestra salud y el medio ambiente; lograr el desarrollo sostenible es más complejo de lo que parece.

Llevamos muchos años criticando nuestros problemas y es el momento de hablar de dónde queremos estar y proponer soluciones para conseguir estos objetivos. Creo firmemente que nuestra región es una de las más ricas en recursos naturales en el mundo, pero no hemos tomado las decisiones adecuadas para que prospere. En el contexto del cambio climático, la comunidad científica ya cuenta con las soluciones y tecnologías para superar o adaptarse a la mayoría de sus efectos, pero el problema es que no hay suficiente voluntad política para impulsar la transformación.

El cambio climático es un asunto político porque nuestros líderes y tomadores de decisiones son los que pueden impulsar un cambio sistemático en la forma en que funcionan nuestras economías y agendas nacionales de desarrollo. Creo que la raíz o punto de partida para abordar esta crisis en Centroamérica es promover la participación pública en los procesos de las políticas ambientales para poder exigir y lograr cambios que fortalezcan nuestras instituciones legales y sistemas judiciales para que nuestros líderes políticos puedan rendir cuentas de sus acciones y decisiones. En este sentido, necesitamos abogar por un mayor acceso a la información y participación ciudadana, por lo tanto, es muy importante contar con un sistema educativo eficaz que moldee la actitud de nuestra sociedad para que seamos conscientes de los diferentes problemas que nos afectan y así podamos mejorar nuestro sistema democrático responsablemente.

He podido comprender plenamente el poder de los jóvenes para impulsar cambios sistemáticos y dar forma a las políticas. He mejorado mis habilidades de liderazgo al conectarme con otros jóvenes profesionales para seguir creando proyectos que ayudan a comunidades afectadas por los efectos del cambio climático. Tengo un gran compromiso de luchar por los derechos de aquellos que no son escuchados para que puedan ser parte de las decisiones que también afectan sus vidas. Dentro de veinte años, visualizo a Centroamérica como una región llena de oportunidades que no discrimina a nadie por su estatus social o económico, en la cual cada persona pueda convertirse en lo que quiera. Imagino una región que esté plenamente informada y resiliente a los efectos del cambio climático. Centroamérica puede volverse más justa y sostenible, pero depende de nosotros hacer que nuestra región prospere.

La década del año 2020 al 2030, conocida como la Década de Acción por Naciones Unidas, es proclamada como el periodo más importante del siglo 21 para cumplir con la Agenda de Desarrollo Sostenible y lograr un mundo mejor y más próspero. Así que tenemos diez años para abordar el cambio climático y cambiar el curso de la historia para siempre. Quiero invitar a los jóvenes de Centroamérica a unirse a este movimiento y tomar medidas sobre la crisis climática que afecta a nuestras comunidades. Somos la generación que puede abordar este problema y los únicos que podemos dar forma al futuro de Centroamérica, así que seamos la generación que tomó las decisiones correctas y aseguró el futuro de las generaciones futuras. ¡Millennials, lideremos la Década de Acción y seamos la generación del cambio!

Referencias:

IPCC. (2018). Global warming of 1.5°C. An IPCC Special Report on the impacts of global warming of 1.5°C above pre-industrial levels and related global greenhouse gas emission pathways, in the context of strengthening the global response to the threat of climate change, sustainable development, and efforts to eradicate poverty. In Press.

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